Un mal sueño

Algo más que un mal sueño

“La espada sobresalió por la espalda del ser maléfico al cual se le cerró la boca de inmediato pero no sin antes coger con una mano el cuello de la mujer y con la otra tratar de sacarse la tizona”

 

El andén de la estación estaba recorrido por el andar ligero y nervioso de una esbelta mujer. Iba y venía a lo largo del muelle como si en ello le fuese la vida. Harta ya, por llevar mucho tiempo empleado en este incierto paseo, decidió tomar asiento en uno de los bancos que había dispersos en el entorno. Esta cómoda posición fue para ella como un bálsamo relajante hasta el punto de que los tensos músculos faciales se le aflojaron y suavizaron el rictus alterado que padecía.

Eso sí, la mente le seguía fluyendo sin darle tregua y se empecinaba  en rememorar una y otra vez el mal sueño que había padecido la noche anterior, y lo proyectaba con una definición impresionante como si de una película de cine se tratase. Una vez más dio comienzo el programa de imágenes y vio aparecer de la nada la silueta poco definida de lo que echándole imaginación se podía asemejar a una mujer sin rostro y de una altura colosal. A la pose quieta e imperturbable le acompañaba un silencio sepulcral que le provocaba una severa ansiedad a la que le  seguía un sudor gélido en todo el cuerpo. De repente empezaron a sonar unos pasos lentos, firmes y pesados como los de un elefante. Pero no, lo que comenzó a aparecer fue un ser íntegramente deforme que portaba en la frente unas extrañas protuberancias. El ente era más alto y voluminoso que la silueta. La intención que reflejaba su inquietante rostro no presagiaba nada bueno. De súbito el ser abrió la boca de forma tan desmesurada que recordaba un túnel de ferrocarril con la clara intención de devorar a la mujer. Con el cuerpo empapado en sudor el espanto le provocó un amago de grito que fue abortado al ver como la silueta, con rapidez, echó hacía atrás el brazo y sacó una enorme espada con la mano derecha, sin pensárselo dos veces lanzó el codo para atrás y tomó impulso para asestar un fuerte golpe en el centro del pecho del contrario. La espada sobresalió por la espalda del ser maléfico al cual se le cerró la boca de inmediato pero no sin antes coger con una mano el cuello de la mujer y con la otra tratar de sacarse la tizona. Por mucho que tiraba no era capaz de deslizarla ni un solo centímetro. Lo curioso del sueño era que los antagonistas empezaron a fundirse, como la cera de una vela, hasta quedar convertidos en un gran charco de sangre que tomó la forma de un perfecto círculo.

 

“Una mujer sin rostro y de una altura colosal a la que acompañaba un silencio sepulcral, una severa ansiedad a la que le  seguía un sudor gélido en todo el cuerpo”

 

A la dama la trajo a la realidad un ruido que provenía de la vía el cual se fue amplificando a medida que se acercaba a la estación. Una suave fricción de los frenos de la locomotora paró el tren por completo. La señora se incorporó del banco y entró en el vagón que la llevaría a su destino. Al poco de salir, a la mujer le cayó la barbilla por la sorpresa de haber hallado, por fin, el significado del mal sueño el cual sin ser consciente de ello descubrió a los acompañantes, al decir entre dientes “Soy yo misma y todo está dentro de mí”

 


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