Amor y libertad

Amor y Libertad

Dichosa jornada ya extinta por las brumas de una noche cerrada, confundida en la madrugada del día siguiente.
Allí en la más absoluta soledad del retiro de mi prisión, fue donde hace muchísimo tiempo la conocí, tras arduas e infatigables peripecias.
Por brevísimo y fugaz instante vi como de entre una intensa oscuridad, surgía un destello que se exhibía cual sol en pleno apogeo.
Ya no tuvo cabida en mí la vacilación, por entender en esa señal que estaba en lo cierto. Por fin se había iniciado el proceso y pronto estaría a mi lado.
Todavía hoy me arrebata su complicidad, por eso espero su indulgencia, por la osadía de dejar constancia por escrito y a mi manera, de  los pormenores de tan feliz hallazgo.

Enloquecido por su ausencia, sucumbía en estados febriles. En uno de ellos acerté a intuir el enigma.

Como el común de los mortales, en aquel tiempo tenía más que asumido el entenderla en singular. Era este hecho y no otro, la grave equivocación en la que me obstinaba.
Enloquecido por su ausencia, sucumbía en estados febriles. En uno de ellos acerté a intuir el enigma.
Comencé a descifrarlo, solo cuando la imaginé; poliédrica, abarcadora sin tabúes, expansiva sin discriminar, y en última instancia, sin verla como patrimonio de nadie en particular.
De esta manera se mostró como todo en nada, y nada en todo. También, como cuadratura de un círculo sin cuadrar. Asimismo, como círculo de vida, y vida devorándose en círculo. Y solo al pensarla como el cuadrado no cuadrante, y el cuadrante no cuadrado, floreció en mi, sin más vida, y “vida sin más”.
No fue por casualidad su aparición aquella lejana mañana, por que a decir verdad, llevaba cortejándome entre brumas claras y oscuras desde los primeros albores de mi incipiente adolescencia.

Me encontraba ebrio solo de pensar en ella, y la madrugada preliminar a su hallazgo se deslizaba inquieta, con el dolor añadido de pensar en que jamás  lograría alcanzarla.
Pero el fervor ansioso de conseguirla, dio su fruto.
De improviso su silueta principió a adquirir forma en la distancia al ir despojándose de las tupidas sombras de sus velos.
La alegría de la cercanía hizo que la resaca se esfumase, y mientras esperaba su inminente aparición, tuve la audacia de atreverme a imaginar un espacio distinto en el cual; las fieras salvajes abandonarían su hábitat para instalarse en mares y océanos. La fauna acuática campearía por selvas, prados y sabanas. Y en cuyo territorio el cielo seria surcado por unas aves sin alas, y los ciclos se sucederían iluminados día y noche por los gentiles rayos  de una nueva luna, que difuminaría las simbologías, las doctrinas y las diferencias.
Fantaseé también con unos lugares donde los cambios climáticos se producirían sincrónicos, sin alteraciones y en cuyos paraderos no se volatizara una miga de pan antes de tocar el suelo.
Divague, figurándome un mundo sin fronteras en el que no tendrían cabida los abusos, los crímenes, las extorsiones, las violaciones, ni la sed de venganza.

Adiviné al fundirse mis ojos con los suyos, que había comido, dormido, sentido, amado y odiado como yo

Ensoñé en como se dejaba de escuchar en la tierra el estruendo de las explosiones y cómo los puñales al más insignificante indicio de ser utilizados se precipitaban por si mismos al vacío.
Una sarcástica mueca se perfiló en mis labios al vislumbrar cómo los cultos y los imperios en unión se diluían cual azucarcillo en el café amargo. El gesto se amplificó al advertir como estos, tras ser ingeridos y sucumbir al proceso natural eran evacuados en la letrina. A la misma vez, llegué a percibir como el consuelo de las perspectivas de una posición mejor en otro espacio indefinido, patrocinado por una falsa esperanza, se derrumbaba sin luchas.
Recuerdo, que conforme ella se iba aproximando, más y más se diluía en mi espíritu el temor al devenir. Adiviné al fundirse mis ojos con los suyos, que había comido, dormido, sentido, amado y odiado como yo, por que al fin y al cabo residía dentro de mí ser.
Un escalofrió recorrió de pies a cabeza mi cuerpo al asumir lo cándido que había sido. Así que pensé que esta proximidad debía de ser universal. Debido a ello me deshice de las amarras que me tenían anclado al pasado.
La temeridad de la irreflexión, casi me ahoga.
Sin ser consciente del motivo, cedí a la tentación de hundirme en intenso juicio. Cuanto más feroz era la critica hacía las elucubraciones que me habían poseído una prodigiosa chispa me iluminó y caí en la cuenta de lo engañosa que era la tradición.

Desde ese feliz amanecer, ella para mí ya es imprescindible.

Las imágenes figuradas por el delirio de mi alterada mente, propiciaron un repentino giro en mi modo de pensar.
Con extraordinaria energía cerré los parpados hasta serenarme, entonces traté por todos los medios a mi alcance de conciliar el sueño a la espera de que me hiciera ver con claridad, “cómo” poder afrontar el resto de mi vida, sin lesionar ni ser malherido, en el poco o mucho recorrido  que me quedase por andar. Pero eso si, con la premisa de vivirla de espaldas a la  práctica tradicional.
Me viene a la memoria como si la escena se estuviese realizando, aquí y ahora, aquella alborada.
Me estoy fundiendo en un imperecedero abrazo con ella, cuando empiezo a comprender que detrás de su impenetrable sombra, se oculta  la eterna bondad no manipulada. Llego a entender que la libertad esta al lado de cualquiera que se atreva a mirar la realidad presente de forma distinta y deseche su búsqueda por las prescritas, habituales y cegadoras sendas.
Así lo hice yo, al margen de esos caminos, y la descubrí. Desde ese feliz amanecer, ella para mí ya es imprescindible.

 

EN MEMORIA DEL  LUCHADOR POR LA DEFENSA DE LAS LIBERTADES MIGUEL HERNÁNDEZ


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