Actos de fe, creer o no creer

Creer o no creer, actos de fe

Tanto creer como no creer son actos de fe. Así lo reflexiona Antonio en este pensamiento de un calderero. Ni la razón con su lógica puede demostrar la no existencia de Dios. Ni la entelequia de la creencia puede hacerlo con su elocuencia abstracta.

“Entrecerró los ojos en aptitud meditativa y dejó volar su mente hacía los lugares que ella quisiese”

Un hondo suspiro resonó en la sala, para acto seguido ser acompañado por la reverberación de un golpe seco causado por el impacto de un tomo, grueso, sobre la mesa auxiliar. Antonio alterado se agarró el pelo, como con rabia, y depositó las gafas encima del volumen que acababa de dejar. Entrecerró los ojos en aptitud meditativa y dejó volar su mente hacía los lugares que ella quisiese. Llevaba en este estado algo más de una hora cuando, de repente, pareció que el vuelo hubiese concluido aterrizando de manera fortuita, colapsando el tren de aterrizaje sobre la pista. Los ojos de Antonio se abrieron hasta límites insospechados al chocar con la siguiente reflexión:

“La lógica, puesto que mira lo terreno, tangible y cercano, obviando lo divino e intangible, debería de ser también un acto de fe

Pensó que tanto creencia o no creencia en Dios era un acto de fe, como así también que el agnosticismo es la creencia en la razón y la lógica, al margen de lo inexplicable. Así que desarrolló que, la creencia en Dios, no dejaba de ser una cuestión meramente abstracta, sobrenatural, y por lo tanto una entelequia en la que se deposita la confianza sin ningún tipo de razón lógica, esto era un acto de fe. De la misma manera que la no creencia debería considerarse más de lo mismo, ya que, esta no podría de ninguna forma demostrar la no existencia del susodicho Ente. Y que por lo tanto el agnosticismo al basarse en la mera razón y la lógica, puesto que mira lo terreno, tangible y cercano, obviando lo divino e intangible, debería de ser también un acto de fe, a pesar de ser contrario a la creencia o no creencia.

“Se perdió entre los transeúntes pensando que en otro momento remataría la deducción a la que había llegado…”

La reflexión había llegado al límite de la comprensión de Antonio, que su cabeza ya estaba a punto de fundirse así que dio un fuerte golpe en el brazo del sillón donde estaba postrado e incorporándose se dirigió a la puerta del apartamento para salir a tomar aire fresco. Una vez en la calle se sintió aliviado y trató de olvidar, por el momento, la conclusión que había sacado y se perdió entre los transeúntes pensando que en otro momento remataría la deducción a la que había llegado…

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