Una reinterpretación de El Quijote

Dulcinea, no. Libertad


‘Dulcinea, no. Libertad’ es un post especial. Especial y muy atrevido. Me he permitido el placer de reinterpretar los libros de caballería y El Quijote. Incluso, en la madre del atrevimiento, me he permitido el lujo de reescribir el final a través del protagonista de este post: Fernando. No espero estar a la altura, solo y como siempre, haceros pensar.


«No era ni guapa ni fea, gruesa o delgada, alta ni baja, era de una normalidad apabullante. Lo miró a los ojos con fijeza y en la boca le apareció una sonrisa mezcla de picardía e ingenuidad a la vez que le decía…»

Por casualidad cayó en las manos de Fernando un viejísimo libro de caballería y se adentró en su lectura. Al terminar, no sabía muy bien el porqué, le vino a la memoria el caballero por excelencia, creado por Don Miguel de Cervantes Saavedra, “El Quijote”. Las aventuras patrocinadas por el susodicho entraron en conflicto con las que acababa de leer. De momento la controversia se volvió feroz, ya que, por un lado, en los viejos libros de caballería, así como el que tenía entre las manos, los caballeros luchaban contra entes diabólicos, dragones o el mal que representaban sus enemigos. Siempre estaban presentes las amadas, que podían ser las princesas de turno, o las damas de alto abolengo, los combates en fieras justas por conseguir sus objetivos y las increíbles aventuras de mundos fantásticos, donde, invariablemente, aparecían hechiceras, magos e incluso armas con poderes mágicos. Por otro lado si comparaba estas lides con el caballero de la triste figura, este carecía de todo aquello en lo que se apoyaban sus antiguos camaradas de andanzas. El Quijote no luchaba contra el mal de sus enemigos y mucho menos contra dragones, él se enfrentaba, a pecho descubierto, ante las injusticias que observaba por el camino, armado con el honor y la dignidad que eran su seña de identidad. Él mismo, se consideraba y así lo proclamaba, un deshacedor de entuertos. Hasta con su amada era distinto a sus compañeros, por no conocer a la dama de sus sueños, pero eso sí, la intuía cercana, porque a pesar de ser volátil y cuando parecía que se iba a dejar ver, solo alcanzaba a atisbar una figura desdibujada y etérea. Como no sabía su nombre, le dio uno figurado y en su pasión desbordada la llamaba Dulcinea y la hacía vecina del pueblo llamado El Toboso.
Fernando recapacitó largo rato sobre este hecho y pensó que al fin y a la postre Don Miguel de Cervantes quiso dar una vuelta de tuerca, a la ya trillada novela caballeresca donde los protagonistas solo eran caballeros, por lo general hijos ilegítimos de la nobleza de la época, y conferir a las justas, no solo una lucha por conseguir un alto estatus social, al contrario, los torneos tenían que ser por las injusticias y que cualquier persona, independientemente de su linaje, pero armado de dignidad y honor, pudiese acabar con los ultrajes que acaecían en su tiempo y que por desgracia siguen sucediendo, de ahí que ideara al famosísimo Quijote. Sí, Fernando creyó haber dado en el clavo del fundamento de esta novela y se atrevió a figurarse un final distinto, por lo que tomó nota en una libreta para escribir este desenlace:
Ya en su lecho de muerte, en los enfebrecidos estertores de la agonía, poco antes de recibir a la Parca, una clara figura de mujer se le apareció a los pies de la cama. No era ni guapa ni fea, gruesa o delgada, alta ni baja, era de una normalidad apabullante. Lo miró a los ojos con fijeza y en la boca le apareció una sonrisa mezcla de picardía e ingenuidad a la vez que le decía:
–No me llamo Dulcinea, ni soy del Toboso, se me conoce en el mundo entero por Libertad y para que lo sepas siempre estuve a tu lado.
Una declamación reverberó en la habitación y se escuchó un ¡¡¡Ohhhhhhhhhhhh!!! larguísimo lanzado al viento por el hidalgo caballero Don Alonso de Quijano. Se quedó sin resuello, aspiró la última bocanada de aire y una gran carcajada repleta de sarcasmo atronó la estancia ¡Ja, Ja, Jaaaaaa!
Al final exhaló el último aliento y en su rostro se mostraba una gran felicidad…


DÓNDE CONSEGUIR MI NOVELA “EL DRAGÓN Y LA ROSA”:


Un viaje entre la fantasía y la realidad a un mundo ensoñado. Un viaje lleno de suspense e intriga del que volverá una persona diferente.

EL DRAGÓN Y LA ROSA

 

DISPONIBLE EN OFERTA SOLO EN LIBRERÍA DESEOS

Con dedicatoria y gastos de envío  GRATIS

Por solo 14,95€ (precio final, sin sorpresas)

 

VER AHORA ›

 

O si deseas el libro digital, aquí puedes descargarte el ebook.

Esta semana con un 25 por ciento de descuento. No dejes pasar la oportunidad, no va a estar así siempre→

E-BOOK ›

1 comentario en “Dulcinea, no. Libertad

  1. No estoy de acuerdo con la libertad como último pensamiento. Más bien, con que conociera a una mujer hermosa de nombre Capricho. El de la mente del Quijote.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *