emisión de mariposa

EMISIÓN DE MARIPOSA

El silencio rara vez era alterado por algún que otro monosílabo.

Por lo general en la casa reinaba el silencio. Este hecho se acentuaba mucho; más a la hora de cenar. La familia se reunía alrededor de la mesa sin perder detalle de lo que acontecía en la pantalla que presidía el salón. Y el silencio rara vez era alterado por algún que otro monosílabo.
Desde la calle se coló por el ventanal abierto una mariposa llamando la atención de todos. Ésta, advirtiendo el asombro que su inesperada presencia causaba y sabiéndose el centro de atención, realizó un vuelo majestuoso a la vez que arrogante  por toda la estancia.
Pasada la sorpresa, la indiferencia fue total. Así que decepcionada por la falta de interés e intentando captarla de nuevo, revoloteó largo rato efectuando un sinfín de piruetas acrobáticas sin conseguirlo. Agotada por el esfuerzo tras dar un suave aleteo en el mismo centro de la pantalla, se posó sobre la misma.
Molestos por la distracción de la inoportuna visitante, se levantaron para espantarla pero repentinamente apareció en el centro de la pantalla un punto blanco que, se agrandaba por momentos al tiempo que emitía el característico ruido de la búsqueda de una nueva sintonía. Este extraño hecho les hizo desistir de su propósito y volvieron a tomar asiento.

Al reparar en la extrema palidez que irradiaban un escalofrío les recorrió el cuerpo a la vez que el pánico se apoderó de ellos

No habían terminado de sentarse cuando el punto desapareció dando paso a la imagen un tanto borrosa de su propio salón, con verdadero estupor examinaron uno por uno todos los rincones, el mobiliario, los enseres y utensilios de la mesa que, en la escena se reflejaba, comprobando con asombro que realmente lo era.
La imagen poco a poco se fue definiendo  a medida que la señal del emisor era mayor hasta alcanzar una perfecta nitidez.
¡No, no es posible! Debe ser una alucinación, dijeron al contemplar en la retransmisión sus rostros. Al reparar en la extrema palidez que irradiaban un escalofrío les recorrió el cuerpo a la vez que el pánico se apoderó de ellos, al ver cómo en sus caras destacaban unos ojos increíblemente abiertos, con las pupilas opacas y vidriosas.
Se miraron entre sí desconcertados, hasta que la madre súbitamente con los ojos humedecidos se incorporó decididamente y desenchufó la pantalla. De regreso a la mesa habló con tal fluidez que contagió al resto.
La tertulia resultó tan animada que incluso se olvidaron  de la mariposa.

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