La paradoja del grillo, fábula

La paradoja del grillo

En esta fábula, un mono que vive en la selva donde no rigen normas, decide viajar a un lugar donde impera el bienestar y el confort. Allí conocerá la paradoja del grillo.


En tiempos remotos existieron unos animales que convivían libremente en un lugar de la selva sin reglas ni normas, haciendo lo que les apetecía sin que nadie les reprochara nada.

Si les apetecía trabajaban en lo que les gustaba en cada momento; discutían, se enfrentaban y luchaban constantemente, pero siempre llegaban a ponerse de acuerdo y cada uno se iba a lo suyo.

Un mono, que oyó hablar de un lugar en el que imperaba el bienestar y el confort de todos los aldeanos, decidió un día irse a vivir allí.

Llegó a la zona y se mezcló entre los ciudadanos, encontrando sólo lamentaciones por unas normas que lo planificaban y oprimían todo. Asimismo, escuchó quejas por las largas jornadas que soportaban de unos trabajos que no los motivaban.

Algunos las aceptaban con gusto, a disgusto otros, creando discusiones y enfrentamientos tan violentos que el único acuerdo posible era la fuerza.

Comprobó que los lugareños estaban acostumbrados aun a su pesar a los robos, las violaciones y a contemplar a otros animales pidiendo para subsistir. Del mismo modo, observó cómo el lugar se hallaba fragmentado en áreas que luchaban unas contra otras.

Descubrió que entre los animales imperaban toda clase de Ismos; igualmente  cómo cada animal se agrupaba al más afín a su propia condición, con la seguridad de que el suyo era el portador de la verdad y por esto mismo, trataban de imponerlo. Por su predominio no dudaban en combatir sin importarles el coste de las pérdidas.

Exaltadamente querían implantar la seguridad que daba su Ismo.

Escuchó en una asamblea multitudinaria, después de declarar que no pertenecían a ninguno, a los grillos decirles al resto que su seguridad únicamente creaba  inseguridad y cómo todos los Ismos, sin excepción, los tachaban de locos mentirosos.

Al no comprender cómo todos elogiaban y exaltaban el bienestar y el confort del lugar, de la misma manera que repudiaban y denigraban al sector donde no existiera, abandonó la zona en silencio como había llegado, deseando que nunca lo descubrieran.

Desde entonces al oír el canto nocturno de los grillos, en los días de más calor, recuerda esta paradoja…

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