La vanidad se equivoca

La vanidad se equivoca

 

“En el paroxismo de su enferma mente no encajaban los rumores de que acosaba a las mujeres de su departamento, ya que él lo camuflaba con ser galante con sus compañeras”

“Una desdichada se atrevió a decirle a la cara que si no lo aceptaban era por su endiablada vanidad”

La circunstancia actual no podía ser peor. El caso era que él siempre había sido emprendedor, creía que su trabajo era perfecto y, a la misma vez, percibía que entre sus compañeros reinaba la envidia. La verdad era que hacía su trabajo bien pero le perdía el hacer ostentación de sus pequeñas victorias ante todo aquel que lo escuchaba. Hacía valer sus ideas sobre cómo realizar algún que otro negocio cuando los bosquejos eran pensados por él mismo, pero también se apropiaba las que eran aportadas por el grupo que dirigía, y era por este motivo que al equipo no le gustara esta forma de actuar y que tuviesen reservas con él por aprovecharse de ellos de manera descarada.

Alardeaba de tener un hogar y una familia estupenda. Lo que no contaba era que lo poco o mucho que tenía, se lo debía a la férrea y firme administración de su esposa.

En el paroxismo de su enferma mente no encajaban los rumores de que acosaba a las mujeres de su departamento, ya que él lo camuflaba con ser galante con sus compañeras, y no se detenía a pensar que a ellas les molestaba, y mucho, las veladas insinuaciones que le tenían que soportar. Tan cohibidas se sentían que ninguna se atrevía a dar el paso de denunciar la situación que venían soportando.

“Ningún mendigo de la zona le aceptaba por su petulancia. En una de sus ya habituales broncas con los demás indigentes”

“Por fin concluyó que la vanidad estaba muy equivocada al creer que la humildad era pura debilidad…”

El principio del fin le sobrevino un día al llegar al domicilio familiar, este estaba vacío, y a su mujer y sus hijos no los encontraba por ninguna parte. Aulló de rabia e impotencia al hallar una nota en la mesita de centro del salón, una nota que decía: por favor no nos busques, ya se pondrán en contacto contigo mis abogados…, nunca se llegó a creer que las amenazas de su mujer se pudieran llegar a cumplir.

Entró en un bucle autodestructivo y para cuando se quiso dar cuenta ya lo tenía todo perdido. Se dio a la bebida y esto le llevó a perder el empleo. Con el alcohol ya no tenía bastante y se inició en el consumo de drogas duras. Y de repente se vio durmiendo en la calle.

Ningún mendigo de la zona le aceptaba por su petulancia. En una de sus ya habituales broncas con los demás indigentes, una desdichada se atrevió a decirle a la cara que si no lo aceptaban era por su endiablada vanidad. El choque que recibió al escuchar estas palabras fue brutal, tanto, que le dio un infarto. Despertó en la habitación de un hospital tras haber superado el ataque cardiaco.

Lloró como un niño chico y comprendió que la mujer que había tenido las agallas de decirle lo que en realidad era su personalidad, había dado en el centro de la diana.

Cuando se sobrepuso pensó que lo tenía bien merecido, ya que, la vanidad era una de las peores enemigas de las personas, no así la humildad porque ésta te acerca mucho más a los demás. Y por fin concluyó que la vanidad estaba muy equivocada al creer que la humildad era pura debilidad…


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