Templo de la concordia y el acuerdo

Un lugar para la concordia

“Por ello lo que Jesús pretendía era hacer un nuevo templo basado en la concordia y el acuerdo mutuo”.

La sirena sonó, como cada día, al término de la jornada laboral, con un estallido bronco, parecido a la alarma de aviso de salida de un buque mercante. Antonio salió de la fábrica y encaminó sus pasos hacía la boca de metro, que le llevaría muy cerca de su domicilio. Tuvo suerte, ya que, nada más pisar el andén, efectuaba su entrada en la estación, el tren. Al ser hora punta el vagón estaba al límite de pasajeros, por lo que tuvo que hacerse sitio a empujones. Sí, estaba acostumbrado a ese trajín del transporte público, pero esto no dejaba de sentarle mal, y de forma interna rezongaba por la falta de consideración del Ministerio de Transporte, por no acortar la frecuencia de trenes, en las horas que más transito de pasajeros se producía. El zarandeo del pasaje era inevitable pero sabía que a mitad del recorrido que tenía que hacer, en la décima parada, la gran mayoría de viajeros se bajaría por ser un intercambiador que enlazaba con trenes de cercanías y líneas de autobuses. Como tenía previsto, el pasaje quedó reducido a menos de la mitad y tuvo ocasión de tomar asiento. Se alegró porque el resto del viaje lo haría de forma cómoda. Dio una ojeada panorámica a su alrededor, y se sorprendió al ver como el pasajero que iba sentado junto a él ojeaba una revista de los Testigos de Jehová. No pudo resistirse a echar un vistazo a la hoja que su acompañante estaba leyendo. Le chocó el titulo del artículo que rezaba: DESTRUID ESE TEMPLO Y LO CONSTRUIRÉ EN TRES DÍAS.
Recordó cómo hacía ya bastante tiempo lo había leído y rememoró la conclusión que había sacado tras mucho razonar sobre el contenido. En aquel momento dedujo que no era el mismo Jesús quien se comprometía a destruirlo. Muy al contrario, interpretó que debía ser el pueblo quien lo destruyera y que él se comprometía a volver a levantarlo en tres días. De ahí que la cuestión de los tres días era una hipérbole, con la cual lo que en verdad quería expresar era que, en un plazo muy breve, pondría los cimientos para la construcción de un nuevo templo, sin leyes ni normas. A esta deducción le llevó el comprender que él era contrario a la ley que regía e imperaba y, sobre todo imponía la sociedad de su época. Por ello lo que Jesús pretendía era hacer un nuevo templo basado en la concordia y el acuerdo mutuo.
Casi sin darse cuenta, por ir abstraído en su pensamiento, el tren anunció la próxima parada, que era la de su destino. Se incorporó del asiento y echó un último vistazo a su improvisado compañero de viaje y se acercó a la puerta de salida. El convoy comenzó la frenada y a medida que perdía velocidad Antonio deseó de todo corazón que el lector de la revista, si no llegara a su misma conclusión, por lo menos no se creyera a pies juntillas lo que iba leyendo. El tren paró por completo, Antonio puso el pie en el andén y con decisión se encaminó hacia su casa…

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