Marionetas

MARIONETAS

José encaminó sus pasos hacia la ciudad. En una de las calles vio en la fachada de un teatro el anuncio de una función de marionetas, y en un cartel anexo se advertía: ÚNICA REPRESENTACIÓN, hoy a las cuatro de la tarde.
En su reloj marcaban las dos y media. Pensó que aún disponía de tiempo suficiente para comer.
Después de sacar la entrada, entró en la sala, acomodándose en el rincón más alejado a la espera del comienzo de la actuación.
Al apagarse las luces de la sala, el murmullo del público se paralizó dando paso a la expectación.  Un haz de luz  iluminó una especie de teatrillo.
Una marioneta descorrió el telón declamando con voz de presentador de circo, anunció:
– ¡Comienza la función!
Tres marionetas alineadas a lo largo del escenario, encaradas hacia los espectadores se fueron presentando:
– ¡Buenas tardes a todos! Me llamo Lidia – dijo la primera en la que destacaban unas enormes gafas de miope.
– ¡Hola, hola! Yo Berta – se presentó la segunda que portaba una diminuta cabeza sobre un desmesurado cuerpo.
– Y yo Tadeo ¿Están ustedes cómodos? – preguntó la tercera que tenía los ojos bizqueantes y le faltaba el brazo izquierdo.

Lidia, asomando la cabeza con una mano en la frente a modo de visera y con la otra ajustándose las gafas para ver bien se dirigió al público preguntándole:
-¿No pensaran ustedes que por ir disfrazadas con ropas de preso es  porque estamos encarceladas?
-¡No, qué va! – dijo la marioneta que descorrió el telón y que se había sentado en una de las butacas de la primera fila. (Esta destacaba de las otras por ser en extremo femenina, poseer una cara angelical, y sobre todo por estar dotada de alas  en sus costados).
– ¡Pues no es así! – se encaró Berta en actitud agresiva.
– ¡Lo que tú digas! – respondió burlonamente.
– No sé de qué te burlas, ya que si vestimos así es porque queremos, – le advirtió Berta con los puños cerrados dispuesta al enfrentamiento.
-¡Ya, ya! – Le replicó, acompañado de un gesto despectivo de la mano la marioneta alada.
– ¡Ni ya, ya, ni yo, yo! – le increpó con desdén Tadeo-. ¿Acaso no eres tú igual  que nosotras?, ¿no te manejas sin hilos y sin nadie que dirija tus movimientos? o es que eres idiota?
–  Por eso mismo me burlo.
– ¡Cómo! – exclamaron las tres a la vez.
Lidia, le pidió una explicación.
– Es muy simple: si decís que nadie nos maneja ni  dirige nuestros movimientos, ¿por qué os ponéis esa ropa vosotras mismas?
Berta se calmó y respondió con aire de suficiencia:
– Porque pensamos, y esto nos da conocimiento. Además sentimos y amamos siendo desinteresadas, por esto mismo hemos acordado y decidido vestirnos así ¿qué te ha parecido? – añadió con prepotencia.
– ¡Ja, ja, ja! Ni tenéis conocimiento, ni sentimientos, ni os amáis, ni pensáis. Por eso mismo sois desinteresadas.
– ¡Habló la lista! ¿Acaso no eres una marioneta como nosotras para que te des esos aires? – le dijo Tadeo en tono de insulto.
– Sí que lo soy, pero como pienso, he visto que quien nos manipulaba con hilos los ha cortado al darse cuenta que sin ellos actuamos lo mismo, por inercia, como autómatas, sin necesidad de estar presente.
– Tú lo que eres es una vaga y una traidora – le dijo Lidia volviendo a ajustarse las gafas.
– ¡Anda y cierra el telón para el descanso! – Le exigió Berta balanceando su diminuta cabeza.
– Y vete preparando para salir al escenario – le urgió Tadeo bizqueando más aún.
La marioneta alada levantándose se llevó la mano hacia la boca y soplando entre los dedos pulgar e índice hizo una sonora pedorreta para a continuación y ante el asombro del público, abrir la puerta de emergencia y salir corriendo a la calle.
– ¡Esto es una burla! – clamaban unos.
– ¡Que nos devuelvan el dinero! – decían otros.
Las marionetas del escenario animaban al público a salir detrás de ella para capturarla.
Salieron todos en tropel, menos José que desde la puerta pudo ver cómo  la estaban alcanzando y cómo la marioneta miraba hacia atrás. Ésta al notarse observada por José y ver como este la seguía con la mirada, le guiñó, y sonriendo levantó el vuelo perdiéndose en la lejanía.
José se volvió hacia las tres marionetas con alegría, para decirles:
– ¡Jamás la alcanzarán!


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