OJOS

Las aves no eran portadoras de mensaje alguno, ni simbolizaban la paz,  al contrario eran las sicarias de unos cuervos

Una multitud de ojos sobrevolaban vigilantes.
Los bastones de ciego abundaban cada día más en la ciudad.
El espectáculo era dantesco y solo era amortiguado por la contemplación de unas extrañas palomas de un blanco tan brillante que deslumbraba al mirarlas.
Portadoras de una franja de plumaje dorado que les cruzaba el buche acabando en el empiece de las alas y que al zurear tomaban  forma de bajo relieve, magnetizaban y fascinaban a grandes y chicos.
Los ciegos trataban de disimular las cuencas vacías de los ojos  con otros artificiales de cristal.
Las aves no eran portadoras de mensaje alguno, ni simbolizaban la paz,  al contrario eran las sicarias de unos cuervos (negros como su alma) que almacenaban en nidos construidos en los campanarios de las catedrales, los ojos vidriosos y ensangrentados que las palomas les proporcionaban.

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