Pesadilla de serpientes

Pesadilla de serpientes

No sé como empezar a contaros la pesadilla que esa noche tuvo mi amigo Antonio. Trataré de acercarme lo más fielmente posible a lo que él me narró.

Esa aciaga noche cayó en un sueño inquieto. No sabía por qué no recordaba nada de lo soñado con anterioridad al hecho de empezar a sentir un pavor horrible. Lo que sí le traía la memoria es el haber estado viendo en la televisión después de cenar, a pesar de detestarlo,  el reality de máxima audiencia, porque a su mujer le encantaba y quería irse a dormir sin discutir. Él no soportaba la agresividad de las discusiones que se iniciaban entre participantes. Para su gusto rozaban lo obsceno porque, por la cuestión más nimia, éstas llegaban a unos extremos que en honor a la verdad nada tenían que ver con la causa que las había provocado. Se enorgullecían de emplear los términos de más baja estofa, que si yo aporto comida y tú no, que si eres un vago/a  porque no haces nada en todo el día, nada más piensas en estar tumbado/a tocándote salva sea la parte…  Estas acusaciones eran bálsamo para bebés, porque a decir verdad si las diferencias iban en aumento, podían derivar en faltas de respeto e incluso en insultos, y cuando no había enfrentamientos el propio presentador del programa los incitaba.

Está bien, no me voy a extender sobre este asunto. Solo añadir que a mi amigo Antonio le hervía la sangre nada más de pensar en el ejemplo que la juventud estaba recibiendo.

¡Allí!, señaló uno de ellos, a mitad de la ladera se mueve la sal como reptando, como si debajo de ella se desplazara un áspid. De repente, una forma tubular oscura apareció en la superficie, así que todos picados por la curiosidad iniciaron el ascenso de la montaña. 

Debe de ser esto lo que me ha provocado el mal sueño, me decía, porque recuerdo que la pesadilla comenzó con uno de los competidores que al darle un apretón al estar buscando leña para el fuego, buscó un lugar recogido para evacuar. Nada más encontrarlo, el personaje vio cómo caía un río de sal desde la misma cima de la montaña, se agachó raudo  para soltar todo lo que le apretaba los intestinos. Al acabar, la sal cubrió las heces y los pies del susodicho participante que aprovechó, a falta de papel, para limpiarse con ella, en el último puñado. A eso de unos dos metros más arriba notó una espacie de temblor entre el suelo de la ladera y la sal que lo cubría todo. De forma instintiva alzó la mirada hacía el cielo, observó como las caprichosas nubes se alineaban y dejaban ver una cruz perfecta y junto a ella en lo alto, justo en el lado derecho, se perfilaba una media luna y en el izquierdo, diversos símbolos de otros cultos. No supo el porqué pero el caso fue que de modo y manera extraña su cuerpo traspiró de forma copiosa a la misma vez que sentía un extraño frío. En esa situación se hallaba, cuando, atraídos por la insólita anomalía, aparecieron poco a poco a su alrededor todos sus compañeros.

¡Allí!, señaló uno de ellos, a mitad de la ladera se mueve la sal como reptando, como si debajo de ella se desplazara un áspid. De repente, una forma tubular oscura apareció en la superficie, así que todos picados por la curiosidad iniciaron el ascenso de la montaña.  Para su asombro, a medida que iban ascendiendo, comenzaron a verse trozos tubulares por todas partes. Pensaron que debía ser una plaga de serpientes. Unos, presos de pánico, empezaron a chillar y desandar lo que habían andado. Otros tres, algo más atrevidos, se empecinaron en descubrir el misterioso fenómeno y continuaron el ascenso. A una de las chicas se le apareció, como salida de la nada, una cabeza de serpiente descomunal que visto y no visto comenzó a succionarla con una rapidez inaudita. Los dos compañeros que iban con ella no daban crédito a lo que acababan de presenciar.  La otra componente del trío, una mujer mayor, se zambulló en la sal como si quisiese nadar sobre ella para ponerse a salvo.

Un siseo como un cañonazo atronó la estancia cuando la cabeza cubierta con una mitra abrió la boca dejando ver dos colmillos como espadas.

Mi amigo me dijo que en ese momento comenzó a dar convulsiones en el lecho,  que la frente se le perló con un sudor helador, pero que para su asombro el único componente masculino que se había quedado solo siguió avanzando hasta coronar la cima.  Desde ese lugar oteó a poca distancia en la otra cara de la montaña un enorme edificio que parecía estar llamándole, así que con mucha precaución se fue aproximando. Paró en seco al comprobar que a escasos metros de la entrada había un solo cuerpo tubular de unos noventa centímetros de diámetro. La cada vez más acuciante curiosidad le incitó a traspasar la puerta de entrada. Nada más atravesarla se quedó petrificado por la riqueza y boato que había en el interior. Una vez repuesto llevó la mirada justo al centro del recinto, vio como allí mismo se alzaban unas descomunales cabezas, cubiertas con diferentes tocados, enlazadas en un mismo cuerpo de un fantástico ofidio con unos pares de ojos del tamaño de un balón de fútbol, de un verde penetrante que rezumaba maldad, que le dejaron hipnotizado cuando se clavaron en los suyos. Un siseo como un cañonazo atronó la estancia cuando la cabeza cubierta con una mitra abrió la boca dejando ver dos colmillos como espadas. Cuando el visitante quiso echar a correr lo atravesaron por completo…

Las últimas palabras que me dijo Antonio fueron:

–Yo creo que la pesadilla me quería advertir de que el mundo esta repleto de prejuicios propiciados por…

Ni quito ni pongo. Así me detalló mi amigo Antonio su mal sueño.

Dónde conseguir mis novelas…

El dragón y la rosa

Un viaje entre la fantasía y la realidad a un mundo ensoñado. Un viaje lleno de suspense e intriga del que volverá una persona diferente.

¡Qué día el de aquella noche!

En un mundo donde el ego está por encima de todo, su pasión por la libertad le encerró en un Psiquiátrico. Una reflexión sobre la libertad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *