Un engendro extraordinario

Lo que nunca llegaron a saber era que podía hablar. De este hecho solo era conocedora una técnico del turno de noche que con solo intercambiar una efímera mirada a los ojos del monstruo empatizaron de forma natural…

Empezó como un rumor y llegó a ser un clamor popular. Se decía que se habían dado casos tanto en el norte como en el sur, este y oeste del avistamiento de una especie animal no catalogada que amedrentaba a los vecinos de las poblaciones en las que merodeaba. Las descripciones que hacían los lugareños de esta bestia, o lo que fuese, eran según quien lo contase, diferentes y fabulosas dependiendo de la imaginación de cada cual. El hecho fue que esto repercutió en las altas esferas gubernamentales que decidieron dar caza al ejemplar que era la comidilla nacional. Así que tras las pesquisas pertinentes y la localización del último lugar donde había sido visto se organizó un contingente  de cien efectivos y un despliegue aéreo en la zona. De súbito se dio la alarma, de uno de los integrantes, de la franja en la que estaba parapetado el espécimen. Con la rapidez del rayo bañaron el lugar con disparos sedantes. La figura del ser quedó al descubierto y parecía que las ráfagas no le afectaban en absoluto, por ello se pusieron en contacto con el escuadrón de helicópteros. Uno de ellos lanzó, a baja altura, una enorme red con la fortuna de acertar y poder capturar la pieza. Aterrizó en un claro donde ya estaba a la espera un furgón blindado. Tras mucha resistencia consiguieron meter la captura dentro y sellaron las puertas.

No sabían como procesar el hallazgo porque mostraba emociones naturales y humanas como podían ser, estrés, llanto, risas, ira y compasión

El vehículo se trasladó con rapidez a un laboratorio provisto de las más avanzadas técnicas de la época. Luego de someter al engendro a infinidad de pruebas encontraron en la última, que fue un escáner cerebral, una anomalía que les dejó perplejos ya que en el sitio del cerebro tenía un circuito electrónico. No sabían como procesar el hallazgo porque mostraba emociones naturales y humanas como podían ser, estrés, llanto, risas, ira y compasión.
Lo que nunca llegaron a saber era que podía hablar. De este hecho solo era conocedora una técnico del turno de noche que con solo intercambiar una efímera mirada a los ojos del monstruo empatizaron de forma natural. Este era un secreto que compartían ambos de mutuo acuerdo.

Un joven del departamento de administración llevado por la curiosidad logró tras arduas pesquisas hacerse con las declaraciones de las personas que habían visto merodear al engendro por los campos agrícolas de las zonas donde habitaban, en ellas comentaban que las producciones se habían triplicado y los productos presentaban una calidad nunca antes vista. Esta información solo la compartió con la técnico de la que en secreto estaba enamorado y ella le hizo prometer que no lo comunicara a nadie más.

Vieron como el engendro se doblaba y se balanceaba y parecía que iba a caer al suelo pero tras una fuerte inspiración se lanzó con una inaudita velocidad en una pavorosa carrera hacía la libertad

Una noche la técnico apiadada por el fenómeno que tenía ante sí llegó a un acuerdo con él para que cuando ella acabase el turno, pudiese escaparse. Él se negó a que ella le proporcionara ninguna medida, que por otro lado la pudiera implicar, pero eso sí le solicitó una serie de componentes químicos aduciéndole que con eso seria suficiente para provocar su huída. Al rato y cuando no podía ser vista por nadie le entregó lo que solicitaba. Al término del turno ella pasó por el hermético habitáculo e intercambiaron una mirada de despedida.

Nada más salir, la estancia donde estaba el ejemplar encerrado se tornó azul y el bicho adquirió un color rojo brillante. De lo que podía ser su boca salió una humareda densa que no dejaba ver nada en absoluto. De súbito la puerta se abrió y la oleada de humo invadió todos los espacios del laboratorio. Los pasos de la cosa, al salir a toda velocidad, sonaban rotundos y firmes. La alarma sonó de forma estridente convocando  a los miembros de seguridad en el lugar en un santiamén. Una voz grave y autoritaria gritaba que lo detuvieran y si no era posible disparasen a matar. Una ráfaga resonó cuando el ser ya casi estaba en el exterior.

Vieron como el engendro se doblaba y se balanceaba y parecía que iba a caer al suelo pero tras una fuerte inspiración se lanzó con una inaudita velocidad en una pavorosa carrera hacía la libertad. Los que presenciaron este hecho no podían salir de su sorpresa.

Preferimos eliminar lo extraordinario antes que asumir en algunos casos nuestra inferioridad…

La técnico que iba circulando con su coche notó una presencia a su izquierda, giró la cabeza y vio el rostro de la cosa y escuchó como este le deba la gracias. El ser se impulsó de nuevo y a ella solo le dio tiempo de alzar la mano para decirle adiós.

Se alegró de la fuga y pensó para sí lo difícil que era para el género humano admitir que pueden coexistir otros seres con otras capacidades, incluso superiores y cómo nos negamos a aceptar todo aquello que no tengamos clasificado, ordenado y manipulado a nuestro antojo. Un rictus de tristeza apareció en su rostro al comprender que preferimos eliminar lo extraordinario antes que asumir en algunos casos nuestra inferioridad…

 


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1 comentario en “Un engendro extraordinario

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